Cuando empiezo a trabajar con una persona por primera vez, una de las preguntas que le hago es la siguiente: ¿Tienes un sistema de creencias espirituales?

La mayoría de las personas se muestran felices de hablar claramente acerca de su relación con Dios / El Todo / Lo Divino /El Universo, o cualquier nombre que quieran utilizar para referirse al infinito sublime.

Es bonito escuchar a la gente de diferentes lugares del mundo manifestarse de manera profunda:

«Yo solía ser de tal religión, ahora sigo mi propio camino».

«Creo en Dios, pero no de la manera que aprendí cuando era niño».

«Sé que hay seres divinos que nos ayudan».

«Creo que estoy totalmente apoyado por el Universo».

«No sé que sé, pero sé que hay algo más que mi yo».

«Existe un alma infinita, un todo».

Y así sucesivamente. ¡Me encantan estas declaraciones de fe!

Pero frente a mi siguiente pregunta: « ¿Tienes una práctica espiritual regular?», a menudo me encuentro con una respuesta que muestra una especie de vergüenza.

Las personas se sienten culpables si no meditan todos los días.

Se sienten culpables si tienen problemas para quedarse quietos al meditar.

Se sienten avergonzados si no rezan regularmente.

A veces piensan que tener una práctica espiritual significa tener una práctica diaria y constante como: oraciones y estudios al amanecer, yoga todos los días, una dieta o una rutina en particular.

Este es un camino para algunos.

Otros piensan que tener una verdadera práctica espiritual es no dejar espacio para nada más. Que ser espiritual significa renunciar a todo: dejar atrás la familia, los amigos, los intereses e irse a vivir a un monasterio en lo alto del Himalaya.

Este es un camino para algunos.

Pero para la mayoría de nosotros, la práctica espiritual es un aspecto de la vida que de alguna manera comprimimos dentro del bullicio de todo lo demás que forma parte de nuestras vidas. Somos «cabezas de familia», en el sentido hindú de la palabra: hacemos nuestro dharma dentro de un día a día de trabajo, familia, quehaceres, comunidad…es decir, en el gran TODO de la vida.

La práctica espiritual como una forma de ser

Ahora bien, mi pregunta nunca pretende invitar a la vergüenza o a la culpa por lo que estamos haciendo o por no hacerlo de la manera «correcta».

Y es cierto: algunas personas son muy consistentes en sus hábitos:

Algunos hacen yoga al amanecer, todas las mañanas.

Otros leen todos los días, estudian las enseñanzas de los grandes místicos, santos y sabios.

Algunos son verdaderos bhaktis: cantan, bailan y celebran diariamente, como parte regular de sus vidas.

Otros van a servicios comunitarios semanalmente o más seguido.

Pero, la mayoría de nosotros, en nuestra práctica espiritual a menudo debemos arreglarnos cómo podemos. Y me gustaría decir (y agregar una pequeña llamada de atención), que esta es una buena manera de llevar a acabo tu práctica espiritual.

¿Y cuál es la llamada de atención?

Que en lugar de pensar en tu práctica espiritual como algo que «debes hacer», o como algo que debe hacerse «de cierta manera» o en un «momento determinado», la consideres como tu forma de ser.

No como algo separado de ti mismo, sino como la manera en la que te muestras al mundo.

No como lo que haces en un momento determinado o en un lugar determinado, sino cómo eres todo el tiempo, en todas partes.

 Eres divino, siempre

Esta forma de ser, de vivir desde la conciencia, de vivir como un ser luminoso, radiante, un ser de amor, te llevaría naturalmente a sentirte atraído por todas las prácticas que te ayudan a abrirte y a expandirte: estudiar, leer, rezar, meditar, caminar, escribir un diario, cantar, bailar, estar en la naturaleza… todo eso… porque estas son todas las formas que nos ayudan a abrir nuestro verdadero ser y llegar a ser Uno con nuestra unicidad.

Te sentirías naturalmente atraído a conectarte con los seres y ayudantes divinos que nos rodean continuamente en otras dimensiones, en otras capas y niveles de vibración universal.

Estarías naturalmente comprometido a aprender el lenguaje del cosmos, porque ese es el lenguaje de vivir desde el alma.

Sentirías curiosidad por encontrar la manera de “abrirte” a una presencia mayor.

Y, por supuesto, al inclinarte hacia la luz, automáticamente percibirías que te alejas de la oscuridad.

También, y de manera natural, empezarías a alejarte de todas aquellas cosas que apagan la conciencia, por ejemplo: muchos hábitos de la sociedad moderna, viejos sistemas de creencias que pertenecen a otros y no a ti, y por cierto, cualquier cosa que te haga sentir vergüenza, culpa o indignidad.

Cuando empiezas a pensar en la práctica espiritual como la forma en la que eres en el mundo, el crear espacio para las cosas que te ayudan a sentirte uno con el Todo, se convierte en una gran alegría.

 Vivir como Humano Divino

Cada uno de nosotros entra en este mundo como alma, empaquetado en un contenedor humano y organizado con una personalidad particular.

En cuanto a eso, no vamos a cambiar demasiado: el espíritu, el cuerpo y la mente tienen que aprender a trabajar juntos en esta vida.

Así que… ¡No pelees tanto con tu personalidad!

Si eres una persona metódica y constante que se desempeña mejor con una práctica organizada, haz eso.

Si eres es una persona inestable que tiene problemas para sentarse en un cojín de meditación, no te sientes. Sal a caminar, ve a bailar o haz Chi Kung. Muévete durante tu meditación.

Si eres una persona que ama estudiar y leer, haz eso.

Si eres una persona a la que le gusta trabajar con el audio, haz eso.

Y así sucesivamente.

Mi propia práctica se ha convertido en un collar de perlas: un día muy completo, donde en cada descanso del trabajo o de la familia, me dedico a ser una con el Todo, lo más que puedo.

Cuando tengo tres minutos, puede que respire profundo sintiéndome agradecida.

Cuando tengo diez minutos, puede que medite.

Cuando tengo veinte minutos, puede que salga a contactar con la naturaleza.

Cuando tengo una hora o más, puede que haga yoga, baile, escriba o vaya a algún servicio comunitario. O… hay tantas formas de abrirse a lo Divino. Si tengo mucho tiempo, puede que salga a la naturaleza que nos rodea: el bosque, el océano Pacífico, todos los lugares hermosos del Noroeste.

No me preocupo por tener un horario regular y consistente, porque la vida no está organizada de esa manera. En cambio, me concentro en conectarme lo más seguido que puedo: tenga poco tiempo o mucho, me sumergiré profundamente en ese espacio donde todo se cura, se renueva, se completa.

Cuanto más espacio dejemos para ese tipo de vida, más de esa vida obtendremos.

Y aunque todavía no puedo vivir cada minuto en consciencia… puedo llevar conciencia a muchos, muchos más minutos de mi día.

Te invito a dejar de lado toda vergüenza, culpa e indignidad acerca de cómo debería ser tu práctica espiritual.

Haz lo que puedas.

Conéctate donde estés.

Comienza a vivir en el espacio divino, de la manera que sea mejor para ti.

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